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31 Marzo 2015

Articulo

 

Planificación de riesgo ante desastres: cómo adaptarse al cambio climático

 

 

Jeff Johnson

Director Científico de Schneider Electric


Johnson se graduó con una licenciatura en Ciencias Meteorológicas de la Universidad de Wisconsin- Madison. Se convirtió en un Consultor Certificado de Meteorología por la Asociación Americana de Metereología en 1993. Su experiencia en meteorología viene de más de 35 años en el pronóstico del tiempo para diversas industrias como la energía, la aviación y el transporte. Johnson se enfoca en el mediano y largo plazo de pronósticos meteorológicos para Schneider Electric.

No es ningún secreto que nuestro clima se ha vuelto cada vez más volátil, se producen eventos climáticos extremos con mayor frecuencia y con mayor intensidad. Cuando sobreviene un clima severo, su impacto puede poner en peligro la seguridad, la funcionalidad y la continuidad de los hogares, las empresas y las infraestructuras.

Debido a esto, las zonas urbanas se enfrentan ahora a una mayor exposición y vulnerabilidad. Actualmente, el 80% de la población de Estados Unidos vive en áreas urbanas con alta densidad de población. Debido a la concentración de infraestructura vital en estas áreas, los desastres naturales están obligados a tener más efectos sustanciales sobre ellos. Además de eso, las tendencias demográficas sugieren que la urbanización sólo seguirá aumentando.

La tendencia ascendente de la urbanización, a la par con los patrones climáticos más volátiles, indican la necesidad de revisar un enfoque para la planificación y adaptación del clima.

 

Consecuencias del Clima Severo

 

Desastres naturales que resultan en daños inducidos por el clima y muertes que han ido en aumento las últimas dos décadas. Este patrón ha llevado a un aumento de los costos, es de esperar una influencia combinada de un clima más activo y el continuo crecimiento y exposición de la sociedad. Lluvias más extremas, sequías y períodos prolongados de calor o frío anormal son las formas más frecuentes de estas tendencias climáticas recientes. 

Es de destacar que en los últimos 50 años, los desastres naturales relacionados con el agua han representado casi la mitad de todas las pérdidas monetarias, solo inundaciones son responsables de casi el 20%. Los huracanes y las tormentas tropicales representaron una cuarta parte de las pérdidas. Entre 2004 y 2005, los EE.UU. sufrió siete principales llegadas de huracán, como el huracán Katrina que dio lugar a enormes pérdidas. Si continúan ocurriendo eventos de lluvias extremas a una frecuencia elevada, puede aumentar los riesgos de inundación a medida que crece la sociedad. El exceso de residuos de un nuevo desarrollo combinado con tierras poco preparadas para absorber las precipitaciones son formas en que el cambio de uso del suelo combina con más lluvias intensas que producen inundaciones. Esto puede llevar a inundaciones que dañan o arrasan las casas, negocios e infraestructura, afectando los trabajos y servicios vitales.

En el extremo opuesto está la sequía extrema, que ha plagado el sureste, los llanos del Sur, Medio Oeste, y el estado de California, recientemente estos últimos experimentan un record de bajas precipitaciones. Durante los períodos de sequía prolongados, los recursos hídricos escasean y aumenta la competencia en sectores como la agricultura, la producción de energía y el turismo. Además, estas condiciones avivan el combustible para los incendios forestales. Según el Centro Nacional de Incendios, desde 1960 los siete incendios más grandes han ocurrido entre el 2000-2013.

Hoy en día, hay una mayor tendencia a períodos anormalmente cálidos o fríos que persisten en un área y durante un largo tiempo como un par de meses o una temporada. Estos patrones de temperatura anómala se desarrollan cuando una corriente en chorro se estanca, provocando un clima poco convencional frío y caliente dentro de un área por períodos prolongados de tiempo. El ejemplo más reciente de tal extremo fue el torbellino polar del último invierno, que envolvió el centro y este de los EE.UU. con temperaturas de más de ocho grados por debajo del promedio por tres meses. Por el contrario, el suroeste de Estados Unidos, al mismo tiempo, fue bastante caluroso. Ambos, el exceso de calor - que tiende a ser más intenso en núcleos urbanos - y las bajas temperaturas, cobran más vidas cada año que la combinación de inundaciones, rayos, tornados y huracanes.

Estos períodos de temperaturas extremas generan tensión en los recursos y al mismo tiempo aumentan los costos de energía, ya que crean una mayor demanda de consumo en calefacción y refrigeración. Por ejemplo, la ola de calor que azotó la costa este en el verano de 2013 - la ola de calor más fuerte que Nueva York experimentaba en más de una década – causó que el estado de Nueva York rompiera su récord de consumo de energía. Entre 1993 y 2005, se duplicó la cantidad de energía consumida en los EE.UU. debido a que el uso del aire acondicionado residencial se duplicó, y para el 2010 había aumentado otro 20 %.

 

Exposición Urbana y Vulnerabilidad

 

Al evaluar los factores de riesgo de incidentes meteorológicos extremos, la exposición y la vulnerabilidad son factores clave. A medida que la población crece y la infraestructura no sólo se expande, también lo hacen los riesgos asociados con condiciones meteorológicas peligrosas. Los sistemas esenciales de infraestructura urbana son cada vez más amenazados, entre ellos la energía, el agua, el desagüe, el transporte, la salud pública y muchos otros. Las interrupciones en estos servicios vitales pueden tener un gran impacto porque muchos dependen el uno del otro.

La expansión urbana en las zonas más susceptibles a los desastres naturales ha aumentado los riesgos y los costos asociados con los fenómenos meteorológicos extremos. Desde el desarrollo de cinco millones de hogares en la interfaz urbano-forestal de California, las pérdidas por incendios del estado han aumentado significativamente en las últimas décadas. A lo largo de las costas del Golfo y del Atlántico, el crecimiento de la población junto con un aumento en los valores de propiedad son un factor importante en el aumento de la vulnerabilidad y la exposición de las poblaciones locales a las tormentas costeras y huracanes. Debido al aumento de activos valiosos en estos lugares de alto riesgo, incluso una frecuencia y distribución normal de tormentas intensas resultará en grandes daños a esos activos.

 

Gestión de Riesgos

 

El aumento de resiliencia ante las amenazas climáticas impredecibles se puede lograr mediante la reducción de la exposición, la reducción de la vulnerabilidad, y transferir o compartir los riesgos a través de un seguro. La transferencia del riesgo es un método para asegurarse contra pérdidas potenciales, que puede ser la forma más económica para protegerse de un suceso de baja probabilidad.

Diversos sectores empresariales y poblaciones locales han comenzado a documentar las ocurrencias de fenómenos meteorológicos extremos en áreas específicas. Este conocimiento autogenerado facilita discusiones de estrategias proactivas de adaptación y podría identificar la capacidad existente para aclimatarse correctamente mientras se revelan las fallas actuales. Compartir las mejores prácticas recogidas a lo largo de este proceso puede ayudar a otras áreas en el desarrollo de evaluaciones de vulnerabilidad y adaptación. 

Soluciones concretas también se han identificado e implementado dentro de los sectores empresariales selectos. En el sector energético, la inundación de la infraestructura - sobre todo a lo largo de las zonas costeras - puede tomar instalaciones fuera de línea y que requerirán reparaciones costosas. Reforzar el lugar para reducir la amenaza de inundaciones en áreas susceptibles puede mitigar este riesgo. El Departamento de Energía de Estados Unidos define las medidas de reforzamiento como la adopción de nuevas tecnologías, la instalación de nuevos equipos, la construcción de barreras de protección, o el cambio de comunicaciones/ procedimientos de TI en las instalaciones de servicios públicos de energía.

De 1950 a 1980, el uso del agua en la agricultura aumentó en casi un 43 %, ya que se utiliza más agua para cultivar alimentos para una población creciente y para ampliar los mercados mundiales. Para satisfacer la creciente demanda, los agricultores han adoptado la práctica de la instalación de sistemas de riego por pivote central para ayudar a compensar tanto la sequedad a corto plazo y la sequía a largo plazo. Además, la diversificación del espacio agrícola es un método que se puede utilizar para combatir los efectos del cambio climático.

Las ciudades ahora están utilizando tecnologías inteligentes para mejorar las alertas tempranas de fenómenos extremos, como las precipitaciones o las olas de calor y asocian esta información con el estado y la eficiencia de su infraestructura actual. Estas proyecciones en tiempo real son luego tomadas en cuenta para el desarrollo de planes de infraestructuras nuevas o rehabilitadas. Por ejemplo, para gestionar de forma segura los niveles de agua del lago durante un evento de fuertes lluvias, un operador de la represa podría utilizar este tipo de tecnología para monitorear la precipitación total en la cuenca. La gestión del suelo es otra herramienta importante para contrarrestar los impactos, especialmente las inundaciones. Esto incluye el uso del suelo, la planificación, zonificación, zonas de conservación, zonas de amortiguamiento o la adquisición de tierras.

 

Conclusión

 

La reciente volatilidad en el sistema climático ha aumentado la frecuencia de eventos climáticos extremos, incluyendo inundaciones, sequedad prolongada (sequía), y períodos prolongados de temperaturas anormales. A medida que la población crece y la infraestructura se expande, su mayor exposición y vulnerabilidad a estos peligros entraña riesgos que requieren planificación y adaptación. La conciencia de los peligros meteorológicos potenciales y su impacto puede ayudar a formular planes y permitir acciones que pueden compensar los riesgos para las empresas, los hogares y las infraestructuras asociadas a estos eventos.